domingo, 3 de abril de 2011

Del texto a la fe de Israel I: apreciaciones teológicas sobre el Pentateuco

La teología del Antiguo Testamento debe resolver tres temas centrales. Primero, el de ofrecer alguna explicación para la formación del texto sagrado. Segundo, el de obtener de ese texto el material que figura como contenido de la teología. Es decir, cobijar en esa “construcción” la riqueza de temas antiguo testamentarios. Tercero, dar cuenta de cómo el contenido del Antiguo Testamento servía para comunicar las ideas religiosas fundamentales de Israel. Por tanto, una teología tal no subrayará en primera instancia temas como la naturaleza de Dios, del hombre y de la salvación sino, únicamente, aparecerán en tanto estas ideas fluyan a través de las ideas que el Antiguo Testamento mismo emplea para expresar la relación entre Dios e Israel.
Diremos en este breve trabajo que la explicación sobre la formación del texto sagrado es mucho más rica y flexible que la propuesta mas oída en los estudios antiguotestamentarios, la cual ha sido desafiada ya con muchos datos pertinentes. Se afirmará también que, en la teología y la literatura del Antiguo Testamento, es de suma importancia la Historia de la Salvación, como aporte al conocimiento de Dios y explicación de la relación entre Yahweh e Israel. Finalmente, diremos que esa fe se comunica al pueblo a través de la ley, cuyo contenido es religioso además de moral cultural.
Nos proponemos entonces lidiar con tres preguntas claves 1. ¿Cómo entendemos la formación del texto sagrado? 2. ¿Cómo es que el material del Antiguo Testamento se convirtió en la fe de un pueblo 3. ¿Cómo se comunica la fe de Israel desde ese texto y con qué fin?
¿Cómo entendemos la formación del texto sagrado? La teología del Antiguo Testamento empieza por reconocer que la literatura del Antiguo Testamento, es la que forma su parte sustantiva o su contenido teológico, de ahí la importancia de “lo textual”. La pregunta de si la teología del Antiguo Testamento trata o no de las ideas religiosas en boga en el antiguo Israel es muy importante. Por la importancia de ese “Sitz im leben” debemos buscar la relación entre el Pentateuco como literatura y el carácter histórico en el que insiste en ubicar su contenido. Según el testimonio de los libros, su recuento de eventos pasados, en un marco teológico, es un testimonio a la existencia y voluntad de Yahweh, como quien se ha dado a conocer a su pueblo por sus acciones.    
¿Cómo es que se ha dado a conocer? Las opciones solían ser, fundamentalmente, dos: a través de una religión desde arriba o a través de una religión “desde abajo”. En ambos casos esta en juego reconocer, comunicar, consignar y explicar la acción de Dios en la historia, a través de un texto sagrado. La diferencia entre la religión “desde arriba” o “desde abajo” depende de cuánto de ese proceso es iniciativa de Dios y cuánto es de origen humano. Por eso, tratar de explicar la formación del canon del Antiguo Testamento es una tarea que arroja datos distintos según las opciones de quien este a cargo de la investigación. La combinación de la teoría documentaria, de la tradición histórica y de la critica de las formas por un lado, y la explicación canónica por el otro, terminan recurriendo a afirmaciones de fe más que a datos demostrables para las cosas que mas se desea probar. El objeto de esa fe puede ser la enorme sensibilidad y creatividad teológica de un grupo de sacerdotes; o la fidelidad en la transmisión literaria de dichos sacerdotes, es decir, la transmisión de un texto que les fue “dado”. 
Una observación, en este sentido, es que la crítica de las formas, enderezada a descubrir la situación en vida en que se usaba el material que luego compondría el Pentateuco, ha analizado virtualmente todo el Pentateuco, desde el comentario de Herman Gunkel (1862-1932), sobre Génesis en 1901 al presente. Los estudios en estos últimos cien años de investigación formista, apuntan a los distintos cuadros históricos por los que, se presume, ha pasado el material del Pentateuco antes de ser introducido a uno u otro de los principales documentos (J, E, D, P) de la hipótesis documentaria.
A partir de esos estudios, tres hechos parecen estar bastante claros: 1) que los documentos generalmente propuestos en la formación del Pentateuco (J, E, D, P), no deben tomarse como el único ni como el principal aporte histórico en el desarrollo del Pentateuco. 2) Que en el Antiguo Testamento, en general, y en el Pentateuco, en particular, las ideas religiosas que se mencionan, en relación a la vida política, cúltica y social de la nación, no son ajenas o acrecencias paralelas sino intrínsecas a esos planos. 3) Que los documentos propuestos por la hipótesis documentaria son parte de una tradición oral mucho más amplia y, por tanto, su contenido debe examinarse con una mira más flexible. 
Sin embargo, siendo que el Pentateuco cubre un periodo de aproximadamente mil años de historia, el vacío de fechas entre el mas antiguo y el mas reciente material requiere alguna conclusión acerca de la fecha y de la estructura del Pentateuco para poder seguir el curso de la historia de Israel y el origen de su religión.
Incidencia de las fechas sobre las hipótesis de la formación del texto. En este sentido es útil enumerar algunos supuestos. 1) La fecha de la ley ceremonial no puede establecerse post exílicamente, con base al argumento del silencio, ni a la supuesta teocracia sacerdotal (contra Wellhausen). La fecha explicita que se demanda, preexilicamente, ignora la fecha implícita que se ofrece, de hecho, anterior al exilio. 2) La relación entre el material del Pentateuco y las leyendas “similares” de otras naciones no ha de ver en ellas la fuente de las ideas bíblicas sino el trasfondo, en pensamiento y costumbres, que ilumina lo encontrado en el Antiguo Testamento (Gunkel, 1862-1932). De hecho, es posible que esas tradiciones se hayan fundado en hechos históricos antiguos anteriores, registrados en la Biblia, y que de ahí dieran vida a las leyendas y al folklore de las naciones y no a la inversa.  
3) La fecha del decálogo de Exodo 20:2-17 debe colocarse no en tiempos postexilicos, como insistía Wellhausen, sino en tiempos anteriores ya que no refleja la influencia de Canaan. Por ejemplo, las prescripciones cúlticas de P deben ser de origen pre-exilico y son una tradición que corre paralela a D, lo cual relativiza la estructura documentaria como base de la reconstrucción de la religión de Israel. (Y. Kaufmann). 4) Hay dos clases de ley, la que se haya en el Libro del pacto Ex. 20:22-23:19 y la ley apodíctica como la que se encuentra en Exodo 20:2-17. Esta última es parte del discurso directo de Dios, como el Deuteronomio, y debió ser transmitida oralmente en el culto y, por tanto, el locus cultual fue esencial para comprender esa ley. (A. Alt, 1883-1956).
5) Las estipulaciones en segunda persona, al estilo de la ley apodíctica, se usaban en antiguos pactos señor-vasallo de los cuales hay numerosos ejemplos del imperio Hitita de finales del segundo milenio A. C. Según Mendenhall, estos debieron ser usados por Moisés para servir un fin religioso particular. En este sentido, toda la tradición de pactos en Israel, incluyendo los relatos escritos del pacto del Sinaí en los libros de Éxodo y Deuteronomio, muestra trazas de adaptación literaria de esta forma de pacto Señor-vasallo. (G. E. Mendenhall). Es claro que al mencionar la adaptación literaria no se debe confundir “método de consignación” con “contenido”.
6) Deuteronomio 6:20-24. 26:5b-9; Josué 24:2b-13, son partes de afirmaciones litúrgicas de fe en los hechos salvadores de Yahweh, (Von Rad, 1901-1971) lo cual subraya el carácter histórico del Pentateuco y de la historia de la salvación antiguotestamentaria. Es posible cuestionar, pero sin aniquilar la propuesta de que tal material yuxtapuesto pueda coexistir en el registro escrito. Es mas, es posible admitir que el material haya sido usado como supone Von Rad, y que, a la vez, sea tan antiguo como él afirma. (Ronald E. Clements, 1929- disciente de von Rad). En fin, esta serie de breves observaciones tienen en común el hecho de que muestran lo relativo que es la estructura documentaria como fuente histórica de la reconstrucción de la religión de Israel.
Concluimos, pues, que la explicación sobre la formación del texto sagrado es mucho más rica y flexible que la visión documentaria que caracteriza a la disciplina. En este marco, el texto del Pentateuco y su peso teológico están mutuamente implicados. Un punto pivote en cualquier dirección que uno se mueva en la teología o en la literatura del Antiguo Testamento es la conciencia expresada en el Antiguo Testamento de que existe una relación entre Yahweh e Israel. Esa relación es, consciente e innegablemente, un punto de interés para el Antiguo Testamento. El asunto crucial sigue siendo en qué se fundamenta la relación entre Dios e Israel.
Sobre el sistema de creencias o la teología en que se sustenta esa relación, el  cuidado que se requiere es precisamente mantener en mente que la reconstrucción de un sistema de creencias no puede ser artificial sino debe tener un asidero “histórico”, es decir, depende de si se comprueba que persona alguna en Israel, conscientemente, sostenía, siquiera los rasgos mas esenciales, de tal sistema de creencias o de fe. Al referirnos, a continuación, a la formación del canon del Antiguo Testamento nos proponemos ilustrar el movimiento interno que conduce a la producción de ese cuerpo de creencias.
¿Cómo es que el material del Antiguo Testamento se convirtió en la fe de un pueblo? Propone Von Rad que, si bien los credos están en textos tardíos del séptimo siglo o posteriores, tuvieron un origen mucho más temprano. Son ellos un recuento de los actos salvadores de Dios, un elemento central a la adoración en Israel. Son una Heilsgeschichte que provee a Israel el conocimiento básico de Dios. Para Von Rad, no se trata solamente de los credos sino de todo el Pentateuco como literatura histórica; es un recuento de eventos pasados que da testimonio a la existencia y voluntad de Yahweh, como él se ha dado a conocer por sus acciones. Von Rad, vincula efectivamente el crecimiento literario del Pentateuco a la concepción teológica de una historia de la salvación.
 Hasta dónde contiene el Pentateuco una teología uniforme es un tema más bien de la crítica canónica. Sugiere Von Rad que se trata no tanto de un cuerpo de ideas teológicas sino de secuencias de ideas teológicas. No se trata de credos compactos sino de relatos de historia en los cuales sucesivas generaciones de israelitas afirmaron e interpretaron la fe en la conciencia de su propia “elección”. De modo que la historia, en vez de constituirse en una complicación que debe resolverse en las presentaciones transversales de temas teológicos, es la esencia misma del Antiguo Testamento y de su teología. Así que, escribir historia proveyó a los antiguos israelitas del vehículo principal para afirmar y expresar sus ideas teológicas. Por esto, Von Rad tuvo éxito al proponer una teología que tomaba en serio, tanto la naturaleza de la literatura del Antiguo Testamento, como su contenido temático.
De Von Rad, hasta nuestros días, dos observaciones son importantes. La idea de Von Rad, sobre las subsecuentes teologías, subraya de tal manera la diversidad del pensamiento teológico del Antiguo Testamento, que pone en evidencia las debilidades de propuestas alternativas: primero que se le ha hecho poca justicia a la interconexión de temas y a los elementos unificantes del pensamiento antiguo testamentario. Parece que es necesario apostarle mas a colocar juntas las  expresiones de fe arriesgando más en una dirección que sea suficientemente sistemática y coordinada para asomarse con más claridad a una valoración teológica de tales secuencias teológicas.
En segundo lugar, se requiere una aplicación menos rígida del método de la tradición histórica en el análisis de la estructura de la literatura del Antiguo Testamento, porque en algunos casos determina de antemano los resultados que se esperaba investigar. Esto se ve en particular en el análisis del profetismo como creador de la religión de Israel. Resulta que los profetas, no son tan originales como se ha creído. En tercer lugar, el análisis documental también puede generar resultados poco significativos teológicamente. Por ejemplo, cuando insistimos que J, E y P, como documentos independientes, son mas importantes que su posterior combinación y redacción en un todo integrado, se pierde de vista este estado posterior (Canónico), caracteriza mas profundamente al Antiguo Testamento que se nos presenta en su forma final, que las colecciones de “piezas” y “pedazos” con las que solemos fascinarnos en la hipótesis documentaria.
Tanto la conciencia de una relación entre Israel y Yahweh, ya presente en el Pentateuco, así como la idea de que el profetismo es la etapa originante de la religión de Israel, deben tener en cuenta que la “elección” de Israel es una idea más antigua, en la cual se sustenta esa relación. De eso, el Pentateuco da testimonio. Por esta causa, el lugar y el estatus de los profetas en el canon hebreo, situados después de la ley, fue reconocido como teológicamente correcto. Aun mas, la característica preponderante de la profecía en Israel es, precisamente, ver la historia y la fe de Israel en función de un momento de esa historia y hacer una lectura teológica de esa historia precisamente a la luz de la ley.
Concluimos entonces que, en la teología y la literatura del Antiguo Testamento, en general, y, en el Pentateuco, en particular, es de gran importancia la Historia de la Salvación como asunto crucial qué fundamenta la relación entre Dios e Israel y aporta el conocimiento básico de Dios.
¿Cómo se comunica la fe de Israel desde ese cuerpo de creencias? Las ideas genéricas de Dios, el hombre y el mundo definitivamente están ahí, tras todo escrito del Antiguo Testamento y, parece seguro decir que esos elementos están tras la cosmovisión de todo israelita. Mas puntualmente, se ve la elección divina de Israel, la relación de pacto con Dios y su testimonio a las naciones como temas específicos.
Partimos de un asunto que cae por su peso, el llamado de Dios a Abraham es central para empezar a explicarse, para si mismo, la teología del Antiguo Testamento. Este llamado contiene todos los elementos del colage de temas del Antiguo Testamento. “Vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que yo te daré...”  Es una orden expresa, que revela la elección de Dios, dándole como contenido una promesa, en la que Dios adquiere un compromiso (pacto) que revela la soberanía de Dios sobre las naciones y cuya realización implica el acompañamiento permanente de Yahweh y su fidelidad (hesed) con este hombre y su descendencia.
Por ello, en la discusión sobre el centro del Antiguo Testamento se ha propuesto a: Dios (Hassel) el pacto (Kline) la presencia (Terrien), el nombre de Dios (Zimmerli), Elección/obligación (Preuss), la promesa, (Kaiser) el Dios que habita (Janowski), Hesed (Spieckermann) como ideas aglutinantes del Antiguo Testamento. La verdad es que cada tema puede explicarse e implicarse en todos los demás y, todos ellos, son temas abarcadores que, por ejemplo, se aglutinan en el marco de la fe en un Dios que ha hablado y que ordena todas las cosas, en la creación, la familia humana, la redención, la vida de los creyentes y todas las instituciones, por medio de su Palabra.
Mas puntualmente, se ha señalado que la elección divina de Israel, la relación de pacto con Dios y su testimonio a las naciones son temas específicos o preponderantes en el texto bíblico. Es en este punto en el que la promesa a los patriarcas, el Exodo de Egipto, el dar vueltas en el desierto, la revelación en Sinaí y la entrada en la tierra prometida, cobran su máxima importancia como factores aglutinantes de temas teológicos.
La posibilidad de encontrar un tema central que integre los diferentes énfasis veterotestamentarios y recoja de manera mas completa, precisamente, esa posterior combinación, es siempre una esperanza y una tentación. Muchas veces, se ha preferido, históricamente, evitar todas las consideraciones aquí acotadas (sobre el texto y el canon) y saltar de una vez a ese resumen teológico.
El hallazgo de un centro para el Antiguo Testamento, es cosa cuestionada y abandonada como intención formal, pero siempre utilizada como asunto operativo para estudiar la teología del Antiguo Testamento.  En cuanto a la preferencia temática, su propuesta teológica, su elaboración exegética y su corroboración histórica, ¿será que permitirán tan serios programas y desafíos, llegar a un acuerdo sobre ese particular? El reino de Dios es el tema que en años recientes ha gozado de más aceptación, si bien se ha sugerido desde siempre y ¡eso desde Génesis 1-3!
La entrega de la ley es otro momento importante para explicarse para si mismo la teología del Antiguo Testamento, como el fundamento del “monoteísmo ético”. En este sentido, los profetas le dieron a la ley una importancia capital. Su profecía representó una suerte de avivamiento o de restauración de una mas antigua tradición kerigmática, viéndola ahora, de manera invertida, como la historia del juicio de Dios sobre su pueblo. El declive en el curso de la nación que ocurrió entre el siglo octavo al sexto esta incluido dentro del propósito redentor de Dios y se le considera una expresión necesaria de la ira divina contra un Israel desobediente (Dt. 28-30).
El círculo se cierra porque los profetas ven más allá de esos actos de juicio hacia una re elección, renovación y restauración de Israel, enderezada a llevar la historia de la salvación mas allá de la depresión anunciada en el presente por el profeta. Aun el discurso de Deuteronomio ve ese futuro en la promesa de un profeta como Moisés (Dt. 18:18).
Es en ese marco que se establece una relación con Dios cuya forma se administra por medio de la ley. “La ley de Dios es su sistema de reglas por medio del cual El muestra e instruye en su voluntad y administra los asuntos del mundo”.[i]  El fundamento de esa relación es la gracia de Dios, pues en el Antiguo Testamento, en todo momento “Se subrayó… que la ley fue dada para enmarcar la respuesta a una redención y a una relación ya establecidas por la gracia de Dios”.[ii] Esa ley es el fundamento de la relación entre Yahweh e Israel: “Todo lo que en las distintas épocas de Israel es considerado como disposición divina está necesariamente fundado en ese acontecimiento originario en que Israel fue llamado a una relación estrecha con su Dios”.[iii] 
En la fe antiguotestamentaria, “Las costumbres religiosas y la ley son mezcladas y no se diferencian. Para esta práctica no hay paralelo cercano en el Medio Oriente. Parece ser característica israelita… otro rasgo que distingue al Israel temprano de sus vecinos”.[iv] E. C. Wright explica: “En Israel sin embargo… ser religioso demandaba que también se fuese moral, porque Dios es justo y demanda de los hombres la obediencia a sus leyes”.[v] Es decir, la ley es una herramienta útil para explicarnos cómo ella servía para comunicar las ideas religiosas fundamentales de Israel. La ley tiene una propuesta ética central, en la que el hombre y Dios están diferenciados, a la vez que se ama y se tiene conciencia de Dios, por medio del cuidado que se expresa al prójimo.
Cerramos diciendo que la proclamación y comunicación de la fe en el Antiguo Testamento, en general y, en el Pentateuco, en particular, se propone cimentar la relación entre el hombre y Dios (el llamado de Abraham), trato que se gobierna y se administra al pueblo a través de la didáctica de la ley (la entrega de la Ley, Sinaí y Deuteronomio), cuyo contenido religioso incluye lo moral cultural.
Conclusión
Hemos dicho en este breve trabajo que la explicación sobre la formación del texto sagrado es mucho más rica y flexible que la visión documentaria que caracteriza a la disciplina. La versión documentaria se sigue usando como hipótesis de trabajo, a pesar de haber sido desafiada por muchas voces que por no ser atendidas, aun cuando se pronuncien en alemán, se las declara perdedoras por “default”.
También, hemos dicho que la teología y la literatura del Antiguo Testamento están implicadas, mutuamente, y la explicación racional de un texto, “desde arriba,” o “desde abajo,” no son suficientes para explicar el origen de la fe de Israel y de la literatura sagrada en que se funda. En este caso, es más importante la Historia de la Salvación como explicación de esa literatura y de su teología. Hemos afirmado que la literatura sagrada se constituye en el material que figura como contenido de la teología, precisamente, a través del desarrollo de una relación entre Yahweh e Israel en donde los eventos de la Historia de la Salvación proveen a Israel del conocimiento básico de Dios.
Finalmente, decimos que esa fe se comunica al pueblo a través de la ley, lo cual, no es un contenido solamente religioso sino también moral cultural, en el que la obediencia y la fe son la base de la religión de Israel.


[i] Charles C. Ryrie, La Gracia de Dios. (Barcelona, 1979) Publicaciones Portavoz p.  63.
[ii] Christopher J. H. Wright, An Eye for An Eye. (Illinois, 1983) InterVarsity Press p. 160. (Énfasis suyo).
[iii] Walter Zimmerli, Manual de Teología del Antiguo Testamento. (Madrid, 1980) Ediciones Cristiandad p.122.
[iv] Ernest C. Wright, “How did Early Israel Differ from her Neighbors?” Bulletin of the American School of Oriental Research. (IV) 1943, p. 18.
[v] Ibid. P. 16.

La fe expresada en el texto de los Profetas Anteriores II: de la historia a la teología

Uno de los efectos del proceso canónigo ha sido abarcar la historia de Israel, dentro de una visión teológica, sin preocupación alguna por preservar los estadios históricos del complejo desarrollo de su literatura. No obstante, es adecuado preguntar cómo la formación del texto atestigua a la historia de la que se ocupan los libros históricos o profetas anteriores.
Más concretamente, el análisis de esta sección literaria debería decirnos: 1. ¿Cómo entendemos la formación de los profetas anteriores? 2. ¿Cómo es que el material de los libros históricos se convirtió en la fe de un pueblo 3. ¿Cómo se comunica la fe de Israel desde la teología de esos libros? Debe mantenerse en mente, en todo momento, que la teología del pueblo tiene aquí una función específica: la formación de los libros históricos refleja un largo período en el cual la comunidad de Israel había incorporado el testimonio de muchas comunidades anteriores y había reconocido y aceptado la autoridad de estadios previos que la comunidad literaria había ejercido sobre la fe del pueblo. Si no se entiende esto, el proceso cambiante de la crítica, encaminado en esta dirección, no hará sentido alguno.
En este breve trabajo sugerimos que hay muchas hipótesis sobre la formación de los profetas anteriores cuya validéz debe tomar en cuenta que se trata de propuestas posteriores al canon y cuyo papel o función redaccional específica nunca ha gozado de consenso. En ese proceso, la recuperación de las conclusiones más importantes ha sido lenta, dada la fragmentación de las visiones críticas. Diremos también que, en la teología y la literatura de los libros históricos, es de suma importancia la Historia de la Salvación, como aporte al conocimiento de Dios y como explicación de la relación entre Yahweh e Israel. Finalmente, diremos que esa fe se comunica al pueblo a través de la cuidadosa selección teológica de eventos en los Profetas Anteriores, cuyo contenido es religioso y no solamente histórico.
Primero, ¿cómo entendemos la formación de los profetas anteriores? Los libros históricos, de Josué a 2 de Reyes, presentan una gran diversidad de materiales, temas teológicos, géneros, trasfondos e instituciones, diferencias que no se achatan por el posible desarrollo de su composición. Las dos hipótesis más comunes que se ofrecen en lugar de la composición canónica de los libros históricos son: 1. La que asume que fuentes similares a las del Pentateuco (J y E) continúan al menos hasta una parte de los libros histórico; 2. La teoría derivada del Análisis de M. Noth, según la cual los libros históricos son una obra independiente que incluye el libro de Deuteronomio y los cuatro libros históricos, compilados por un historiador deuteronomista.
La aplicación de la primera hipótesis a los libros de Jueces a 2 Crónicas es un resultado natural  dado el éxito del documentarismo en explicar algunas partes del Hexateuco. En el caso de la segunda hipótesis, la historia de la crítica hace claro que una propuesta mas abarcadora se requiere para explicar los profetas anteriores. Para empezar, postular un hexateuco disloca el libro Josué de los profetas anteriores y, por otro lado, el énfasis en el deuteronomista cercena Deuteronomio del pentateuco dejando un tetrateuco, cosa que el canon no apoya. En esto, se sugiere como mejor criterio recuperar tanto la continuidad como la discontinuidad entre ambos grandes cuerpos literarios (Pentateuco y Profetas Anteriores).
Wellhausen buscaba comprobar que los libros de crónicas abiertamente veían el pasado en términos de los ideales de su propia época, que según él era, trescientos años después del exilio, posterior al periodo del imperio persa. Sin embargo al leer Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes vemos que el mismo juicio se aplica a estos, interpretan según los ideales de una época, pero en este caso contiene narraciones muy tempranas de la época deuteronomista, según wellhausen. Nótese la dificultad según la cual los profetas posteriores representan la época posterior al exilio y los profetas anteriores representan vagamente al deuteronomista. Ambas caraterizaciones son extremas dirá mas adelante la critica de la redacción, no solo porque 1. no hay consenso sobre la naturaleza específica y extensión de las supuestas fuentes; 2. Ni se sabe cuál es la naturaleza de la influencia redaccional del material deuteronomista.
Por otro lado, importantes diferencias se introdujeron en la metodología de posteriores proponentes de la hipótesis documentaria. Karl Bude (1850-1935), profesor en Bonn, Strasburgo y Marburgo, en su examen de las fuentes del Hexateuco, en Jueces y 1 y 2 Samuel,  observó que J y E desarrollaron la historia de Israel en el tiempo en que dichas fuentes fueron producidas. La implicación es que mucho del material puede entenderse en función del período del Hexateuco, en vez del sexto siglo (contra Wellhausen). Según Bude la nueva crítica literaria podía resolver algo similar para los restantes profetas anteriores (Josué a 2 Crónicas). Esta hipótesis tomó mucho auge a partir del estudio de Jueces y 1 y 2 Samuel, por O. Eissfeldt, haciéndose popular en estudios antiguotestamentarios. DE nuevo, el proyecto de aplicación de las fuentes debe tomar en cuenta que J y E son documentos que no han sido identificados sino solo asumidos.
Dada la falta de continuidad clara entre las “fuentes” de los diferentes libros, H. Gressmann, en 1910, proponía se construyera el relato en torno a grandes figuras, como Samuel, Saúl y David. Eso conduce a interpretar las narraciones por si mismas, como el método de los Gattungsgeschichtliche (tipos de historia), que Gunkel había establecido para Génesis. La  hipótesis dejaba espacio para una posible y posterior revisión deuteronomista, si bien Gressmann no estaba tan interesado en ese punto. Pero su idea arrojó luz sobre Jueces a 2 Crónicas, y afectó el punto de vista documental que aseguraba que las fuentes del Hexateuco se hallaban en los Profetas Anteriores.
Hay que acotara que a la Iglesia le pareció ruinosa la originalísima propuesta de J. Wellhausen que explicaba los orígenes del Antiguo Testamento con base a una hipótesis de cuatro documentos (JEDP). Así que  respaldada por el sistema universitario, le prohibió enseñar Antiguo Testamento. Wellhausen renunció en 1882 y dejó la universidad de Marburgo en 1885, para volver a Gotingen en 1892 a otros temas. Parece que mucho de la oposición a Wellhausen tuvo que ver con la naturaleza fragmentaria de  cuatro documentos que evaporaban el producto final. Muy a pesar del sentimiento moderno, siempre el texto es más útil a la Iglesia que las hipótesis de su formación y eso es así a la fecha. Además, ha de recordarse que las fuentes para los libros de crónicas son, explícitamente, los libros de Samuel y Reyes.
Incidencia de la geografía sobre las hipótesis de la formación de los libros históricos. Los investigadores sentían la necesidad de conocer más a fondo un período del que se tenían poca información, el de la conquista de Canaán que se describe en Josué, a lo cual también aporta el libro de Jueces. La conquista solo ofrece explicación para la ocupación de una relativamente pequeña parte central de la tierra que pertenecía a Israel, pero no es sino hasta el tiempo de David que Israel tiene control del territorio obtenido, de modo que surge el interés en relacionar la historia de Israel al resto del Cercano Oriente, desde Egipto a Mesopotamia. Esto despierta el interés en la arqueología, las instituciones, la geografía y las fechas. El investigador que más luz arrojaría en esta dirección, con hipótesis siempre tentativas, fue Albrecht Alt (1883-1956). Alt desarrollo el método histórico-geográfico, hacia 1913. Por su parte, la teología canónica de Josué si refleja que el pueblo se adentró en Canaán con ímpetu conquistador, siguiendo el espíritu de Deuteronomio, cosa que mas adelante será cuestionada primero y validada después, desde la critica.
Las dos ideas que encuentran su elaboración en el trabajo de Alt son 1. La conquista de Canaán; 2. La organización de Israel en Palestina antes de la monarquía. Combinando geografía con la política geográfica, vista en varios momentos, obtenemos claves respecto de la historia y evidencia valiosa respecto al trasfondo de los eventos. Esta visión no sólo provee trabajo basal para una historia israelita, sino desarrolla una visión para las fronteras y la geografía de Israel, sugiriendo además la relación de esto a la función de la monarquía en Israel y Judá.  La hipótesis monárquica deviene de la idea, altamente especulativa, de que en Israel y Judá se hallan, según Alt, dos asociaciones tribales, unidas por la victoria sucesiva de David primero en Judá y luego en Israel, unidad que luego fue revertida bajo Roboam. Las dos visiones diferentes de la monarquía, una dinástica (David) y la otra carismáticas, capturaron el interés de Alt, si bien, canónicamente, el A. T. explica las diferencias con base a la actitud de Roboam frente a la adoración en el templo.
Para 1927 la visión de Alt había concedido más valor a la narración de lo que reflejaba su tesis original sobre la conquista de Palestina, que primero Alt explicó como el resultado de la presencia pacífica de beduinos pastores agricultores. Sin embargo, de las fronteras de las tribus en Josué concluyó que no eran como se había supuesto una situación ideal tardía, compuesta en tiempos postexilicos por el editor P (sacerdotal). Era una composición oficial temprana (ergo cercana a los eventos) que se compaginaba, esencialmente, con la ubicación de los  asentamientos tribales anteriores a la monarquía en Israel. Además, proveyó una nueva base para la cuestión de la organización pre monárquica: la unidad de Israel no venía dada por forma alguna de organización política intertribal sino por la adoración común de Yahweh que derivaba en punto de unión de las tribus y de lealtad unas con otras.  
Así, de la arqueología y política geográfica hay un movimiento a la historia teológica en las hipótesis de Alt, que se explican con una visión “anfictiónica”[1]. Sobra decir que los estudios de Alt contribuyeron a ubicar en sentido histórico, político, social, los eventos de los Profetas Anteriores.
¿Cómo es que el material de los Profetas Anteriores se convirtió en la fe de un pueblo? Otro avance tiene que ver con los estudios que sugieren que los libros históricos son una colección de narraciones acerca de ciertas figuras centrales. L. Rost, en 1 y 2 Samuel,  aplica la historia de los géneros o Gattungeschichte (cp. Gressmann), a 2 Samuel 9-20, la “historia de la corte” cuyo valor es servir, con otras perícopas, un propósito redaccional: presentar una figura, un lienzo o cuadro general. Esta nueva idea hizo obsoleta la noción de fuentes documentarias que entretejían un patrón basado en las fuentes del pentateuco.  
El escandinavo I. Hylander, en 1932, publicó un estudio cuyo entramado eran las historias que relacionaban a Samuel y Saúl, poniendo énfasis en la historia por la que pasaron dichas unidades, antes de ser tejidas a la historia final o integradas a su presente ubicación en 1 Samuel. Este es un antecedente de la Crítica de Redacción que proviene de las ideas de Gunkel, cuyo método, decididamente, pondrá más énfasis en el producto más abarcador que resulta de la crítica y menos en las partes.
Tanto el trabajo de Rost como de Hylander esclarece que estos libros era escritos religiosos, cuyo origen y redacción serviría a fines religiosos. Curiosamente, las observaciones del análisis histórico crítico hicieron evidente el aspecto religioso en vez del lado puramente histórico de los libros del A. T. Esto superaba aquella actitud según la cual el estudio de la historia y de la religión se ofrecía en sustitución y alejamiento del análisis explícitamente teológico del A. T. De modo que la erudición cayó en la cuenta que la presentación de esta historia se basaba, realmente, en un decidido punto de vista teológico. En el marco de los estudios antiguotestamentarios esto condujo a una comprensión de la teología bíblica, como historia de la salvación o Heilsgeschichte.
Llevar adelante las ideas de Alt sobre la naturaleza de esa historia fue tarea de su discípulo, M. Noth, quien, en 1928, al analizar “El sistema de las doce tribus de Israel” concluyó que los nombres de las tribus sólo podían provenir de Canaán, de modo que el culto en torno a Yahweh emergió después de asentarse las tribus en Palestina. Es la unión de comunidades independientes unidas por un dios. De ahí, la tesis según la cual Siquem había sido importante, al principio, porque asumía que el Arca del pacto había pernoctado ahí. Para Noth, este culto tenía íntima relación con la ley pues en ella se basaban las mutuas obligaciones cultuales a un mismo Dios y la aceptación de la voz de un mismo profeta que aseguraba que las demandas éticas de Dios se cumplíesen. En mi opinión esto se asemeja mucho a las ideas ¡antes de Wellhausen!
Noth publicó, en 1938, su comentario sobre Josué, en el que profundizó las tesis de Alt sobre las fronteras entre tribus, las ciudades de Josué 13-19 y el carácter especial de las historias de Josué 3-9, que proveyeron factores claves para entender la ocupación israelita de Canaán en términos ¡de conquista! A la vez, Noth abandonaba la tesis de la preponderancia de Siquem, y presentaba un carácter anfictiónico más modesto del A. T., a diferencia de Alt, postura que había venido a ser identificado con los estudios del A. T. y usada como paraguas para explicar muchos otros rasgos no necesariamente relacionados con ella. Por otro lado, Noth concluyó que J, E, P no eran evidentes en Josué para nada, poniendo los últimos clavos al sarcófago de las fuentes o documentarismo.
No obstante el aporte de Noth a la organización intertribal pre monarquica, no responde como el material conocido como “pro monárquico”, en 1 Samuel, se relaciona a la teología general del reino davídico en Israel. Parece que ese material ya tenía un peso teológico especifico en la comunidad y su compilador no quiso correrse ningún riesgo cambiándolo. El material de los Profetas Anteriores se convirtió en la fe del pueblo vía el canon, una producción en la que se ha incluido este material hacia el siglo sexto A. C.
¿Cómo se comunica la fe de Israel desde ese cuerpo de creencias? La nueva visión, producto de los estudios de Noth, fue el mas amplio problema de las fuentes en la estructura editorial de los libros de Josué, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes. Ahora la revisión deuteronomista propuesta por Wellhausen hacia más sentido pero para explicar la conexión interna del material en los libros de Samuel. Así, en 1943, Noth presentaba un caso atractivo  de los orígenes y estructura de toda la narrativa histórica de Josué a 2 de Reyes. No se trataba de composiciones separadas sino que formaban una misma historia, deuteronomista, que empieza con el libro de Deuteronomio y se extiende hasta 2 Reyes. La teoría de un autor deuteronomista hacía plena justicia a la fuerte influencia deuteronomista que se extiende a lo largo de los cuatro libros históricos. Por supuesto, ello no implicaba admitir que, por ejemplo, Josué haya sido una mera extensión del Deuteronomio; hay, de nuevo, elementos de continuidad y discontinuidad.
Canonicamente, lo que Noth ve como fuentes que se originan en el sexto Siglo, en la historia de la formación del canon se estima que, el siglo sexto, es solo la etapa final del proceso en el que se le da la forma presente al texto bíblico. El círculo que empieza con la formación del pueblo, en el Pentateuco, se cierra con su destrucción en 2 de Reyes, a fin de que el exilio se entienda, teológicamente, como el resultado de la desobediencia a la ley. El desarrollo complejo de la literatura en Israel obedece a razones teológicas y a una visión teológica de la historia.
Es decir, en el Pentateuco, el libro de Deuteronomio expresa la voluntad divina por la cual el relato posterior de la caída o auge de Israel se juzga e interpreta. Así se avanza hacia comprensiones mas completas de la fe de Israel, o más cercanas a un “texto” funcional si se quiere. Como dice Childs: “Deuteronomio realiza una función crítica, tanto en su reinterpretación autoritativa de los primeros cuatro libros de la Torah como en su efecto sobre los libros históricos subsecuentes”. (Chids, pag, 233).  En el libro de Deuteronomio 31:34 a Moisés se le ordena colocar los libros de la ley a la par del Arca del pacto. La importancia de esto no es identificar cuales libros van sino el nuevo papel de autoridad que en su forma escrita los libros de la Torah ejercen sobre el pueblo.
El nombre de “Profetas Anteriores” en el canon hebreo para los libros de Josué a 2 Reyes sugiere que el interés del pueblo al reconocer la autoridad de los libros era no tanto histórico sino mas teológico-kerigmático (cp. con “Profetas Posteriores”). La idea de Rost por ejemplo era que partes importantes de los libros históricos del A. T. se habían escrito para apoyar e interpretar instituciones básicas de Israel y eso, claro, le da sentido a la fe y al mensaje del pueblo. Por eso, G. Von Rad escribió un ensayo para subrayar no los eventos o hechos tras ellos, sino la teología de la historia y la concepción de la acción divina en el mundo. Estos libros se escribieron en un momento dado de Israel cuando se consideraba necesario un relato que interpretara el pasado. Ahora los lectores están en una mejor condición de responder a la pregunta ¿Por qué se escribieron estos libros y qué fin se esperaba que sirvieran? Von Rad responde que expresan en forma teológica la interpretación de la historia.
Presentan el sentido de presencia ante Dios y expresan, a su manera, la esperanza de Israel en su futuro como pueblo de Dios. En este contexto ubicamos el auge de David, y a su descendiente, a quien los profetas posteriores vinculan la redención de Israel. En este sentido los historiadores de Israel se relacionan con los profetas. La historia de la conquista de la tierra hasta la destrucción babilónica tiene ahora un arreglo según el claro patrón literario de predicción y cumplimiento de juicio, bendición así como de obediencia y restauración.
Propone Von Rad que, si bien los credos están en textos tardíos del séptimo siglo o posteriores, tuvieron un origen mucho más temprano. Son ellos un recuento de los actos salvadores de Dios, un elemento central a la adoración en Israel. Son una Heilsgeschichte que provee a Israel el conocimiento básico de Dios: “Un arameo a punto de perecer fue mi padre” (Dt. 26:1-10). Como en el caso del pentateuco, eso incluye, en el deuteronomista y en el Cronista, una profunda interpretación de lo que Israel entiende por su elección por parte de Dios del politeísmo a la fe en Yahweh (Josué 24:1-18).
La posibilidad de encontrar un tema central que integre los diferentes énfasis veterotestamentarios y recoja de manera mas completa, precisamente, la riqueza temática, es siempre una esperanza y una tentación. Por ejemplo, puntualmente, se ha señalado que la elección divina de Israel, la relación de pacto con Dios y su testimonio a las naciones son temas específicos o preponderantes en el texto bíblico.
Muchas veces, se ha preferido, históricamente, evitar todas las consideraciones aquí acotadas (sobre el texto y el canon) y saltar de una vez a ese resumen teológico. en la discusión sobre el centro del Antiguo Testamento se ha propuesto a: Dios (Hassel) el pacto (Kline) la presencia (Terrien), el nombre de Dios (Zimmerli), Elección/obligación (Preuss), la promesa, (Kaiser) el Dios que habita (Janowski), Hesed (Spieckermann) como ideas aglutinantes del Antiguo Testamento. La verdad es que cada tema puede explicarse e implicarse en todos los demás y, todos ellos, son temas abarcadores que, por ejemplo, se aglutinan en el marco de la fe en un Dios que ha hablado y que ordena todas las cosas, en la creación, la familia humana, la redención, la vida de los creyentes y todas las instituciones, por medio de su Palabra.
El reino de Dios es el tema que en años recientes ha gozado de más aceptación, cuya explicación histórica empalma con la emergencia de la dinastía davidica. Joaquín, descendiente de David, fue liberado al final de 2 de Reyes 25 y con él la esperanza davídica continua. Pero por otro lado, ha quedado asentado que el patrón visto en el libro de Jueces: opresión, arrepentimiento, clamor y liberación es un asunto que esta a la raíz de la teología de la historia de Israel. El círculo se cierra porque los profetas posteriores ven más allá de esos actos de juicio hacia una re elección, renovación y restauración de Israel, enderezada a llevar la historia de la salvación mas allá de la depresión anunciada en el presente por la cautividad. Esa es la esperanza que se instala ya desde los profetas anteriores.
Conclusión: En primer lugar, hemos sugerido aquí alguna explicación para la formación del texto de los profetas anteriores. En segundo lugar, sugerimos cómo la formación del texto atestigua a la historia contenida en los libros históricos. Es decir, como se expresa en esa “construcción” político, geográfico, profética, la riqueza de temas histórico kerigmaticos. En tercer lugar, se propuso como la historia se convierte en la fe del pueblo y es útil para comunicar la fe desde una teología de la historia. La formación de los libros históricos refleja un largo período en el cual la comunidad de Israel había incorporado el testimonio de muchas comunidades anteriores y había reconocido y aceptado la autoridad de estadios previos que la comunidad literaria había ejercido sobre la fe del pueblo, por eso las diversas hipótesis de la critica van cambiando para acercarse a esta visión.
 Canonicamente, nuestra propuesta es que el siglo sexto, en la historia de la formación de los Profetas Anteriores, es solo la etapa final del proceso en el que se le da la forma presente al texto bíblico. Esta porción de literatura cierra el círculo que empezó con la formación del pueblo, en el Pentateuco, para finalizar con el cautiverio en 2 de Reyes, a fin de que el exilio se entienda, teológicamente, como el resultado de la desobediencia a la ley. La re elección, renovación y restauración de Israel, enderezada a llevar la historia de la salvación, mas allá de la depresión anunciada en el presente por el cautiverio, es la esperanza que se instala ya desde los profetas anteriores.


[1] Comunidad de pueblos en torno a un punto de adoración.